CONCURSO DE CREACIÓN LITERARIA

PRIMER PREMIO. NIVEL BACHILLERATO

¡QUIÉN FUERA AUTOR!

PILAR REQUENA MÉNDEZ.

Y sucedió que, a la temprana edad de once años, por primera vez me enamore. Sí, y por vez primera sentí eso que llaman dolor de alma. Y mi tierna sonrisa inocente se desdibujó mientras tristes lágrimas recorrieron mis mejillas sin haber sido provocadas, como hasta aquel entonces, por algún tipo de daño físico.

Ante mí, un mundo nuevo de sensaciones se abría. Él, conmigo a solas, cara a cara, parecía estar dotado de cualidades humanas insospechables. Era mi primer libro.

No recuerdo bien su título, mas sé que de una novela se trataba. Y no sé quién me cautivó, si la dulce historia de amor que el autor narraba o tal vez la complejidad y perspicacia de los personajes, desconocidas por mí y hasta ese momento, pero algo descubrí en aquel, mi primer libro, que me hizo quedar prendada de tan bello arte, el de las palabras.

Y fue creciendo y enamorándome a menudo. Y descubrí tal variedad de suculentas obras que me resultó difícil de decantarme por algún tipo de ellas.

Primero, llegaron los señores libros de texto: autoritarios, sabios, serios, a menudo aburridos y, por supuesto, presumiendo cada uno de un lenguaje único en su especie.

Unos eran traviesos y escurridizos, imposibles de tratar, eternos incomprendidos, tristes, solitarios...Sí, eran los discriminados; aquellos que poca gente leía. Ellos, sumidos en su profunda melancolía, añorando esa época en la que otro gallo habría cantado, usaban números y fórmulas para expresar lo que les consumía por dentro. Pero su lenguaje, curiosamente llamado universal pero ininteligible para muchos, les aislaba más aún de los demás libros.

Otros, los más gordotes y viejos, eran cultísimos. Y sabían de anécdotas graciosas ocurridas en otros tiempos. Y aunque en ocasiones su omnisciencia resultaba agotadora, pasaba yo largas horas escuchándoles. Y me hablaban de pensamientos, hazañas, amoríos, valores...

Así, cada uno de ellos me fue enseñando cosas. El de Biología, el de Matemáticas, el de Historia... cada uno a su manera Y descubrí que los libros son el único barco en el que pueden navegar personas de diferentes culturas y surcar los océanos de la Historia y de la vida, sintiéndose todos, al menos durante la lectura, iguales por una vez.

Y seguí creciendo, y la lírica me enamoró. Viejos poemas sin sentido lógico me transmitieron hondas pasiones. Suspiré con Bécquer, aprendí con Benedetti... y su dulce poesía me hizo entender la vida como un suceso caótico y precioso a la vez. Y me di cuenta de que no estaba yo tan loca como en ocasiones se me había figurado, porque, curiosamente, todo lo extraño que a lo largo de mi corta pero intensa vida había sentido, soñado y vivido, llevaba ocurriendo mucho antes de que yo no fuera siquiera un proyecto del caprichoso destino.

Más tarde, llegaron al fin las novelas. Tristes y complejas (las que a mí me gustaron) clamaban mi compañía. Pedían ser saboreadas y estrujadas, mimadas. Llevaban tanto por dentro y tenían tanto que contarme, que no me pude resistir y decidí escucharlas. Unas simples e irregulares líneas gráficas constituyendo letras y un orden predeterminado por algún genio, les bastaban a mis confidentes, las novelas, para expresar las más pérfidas actitudes humanas.

Y fue así que conocí el amor. Y como en cualquier historia normal en la que hombre y mujer se enamoran, yo sentí pasión, celos, odio, rabia, envidia, felicidad, deseo...

¡Oh bellas palabras! Dejadme secuestrar vuestro don, y ser al menos un imperfecto reflejo de vuestra perfecta perfección. Dadme el secreto de esa poción mágica que todo lo cura y que tan bien me hace sentir al beberla. Ni siquiera el silencio con el que ahora me respondéis, el cual incomprensiblemente resuena fuerte en mis oídos, ni siquiera él, pese a que os convierte en pequeñas tiranas injustas, pone en duda mis creencias.

Os echo de menos. Y os añoro como el amado que es añorado por su amada al partir. Recuerdo aquello días en los que, inanimadas pero ya prescritas en el papel (como Miguel Ángel hubiera dicho de sus esculturas), cobrabais vida al verme triste y erais espejo de mí y fiel reflejo de lo que deseaba expresar.

Pero ahora ya no estáis aquí. ¿Quién fue el ladrón que os apartó de mí? ¡Oh, maldito autor, fuiste tú! Y encima presumes ahora de éste mi añorado don. Quién pudiera ser tú para h hacer buen uso de las palabras, y cuidarlas y mimarlas en mi seno. La envidia me hace arder, los celos me abruman, el odio me absorbe y la desesperación y la impotencia me hacen romper en llanto.

Y sumida en este malestar con el que malvivo, vuelvo a vosotras, sólo a vosotras, mis eternas compañeras, para confiaros lo que siento


PRIMER PREMIO. NIVEL ESO

NONPAPYRUS

       DIEGO NEUMAN GALÁN

Una sirena sonaba incansable de fondo, y los primeros amagos de luz dejaban adivinar una habitación entre bocanadas de negro.

Primero una pobre cama, luego, la pared que estaba a su lado y, por fin, todo el espacio. El despertar se preveía tranquilo, pero abandonó con violencia el ovillo de mantas viejas que lo cubrían. La sirena ya apenas se percibía.

Ya de pie, entre gruñidos y recordatorios a los parientes del Sol, se vio obligado a presionar el botón que estaba encima de la almohada a la derecha. Tras el subir inmediato de la persiana, borbotones de claridad avasallaron la habitación.

El hombre, como es natural, no pudo evitar una ceguera momentánea que por otra parte le sirvió para preguntarse qué demonios debía hacer hoy. Porque se se había levantado, era evidente que algo tenía que hacer. En caso contrario no hubiera dudado en dormir hasta por la tarde y levantarse exclusivamente para la carga de las cinco.

Pero el caso es que se había levantado y que una tarea de suma importancia le aguardaba. Se vistió de cintura para abajo y se dirigió al comedor. Era un espacio desnudo, cuyas paredes no tenían ningún adorno ni nada semejante.

De ventana, no se podía hablar, así como tampoco de muebles, a excepción de un minúsculo estante partido en dos y una especie de mesa metalizada adosada a la pared opuesta a la puerta. Allí había unas tarjetas de la Compañía -una de las tantas en la ciudad-, dispuestas de forma totalmente desordenada. A su lado, un maletín abierto. Era negro, con cierres analógico-digitales y un grosor bastante reducido, de unos 4 centímetros.

El hombre se acercó en línea recta hasta allí, sin pararse siquiera a hacer un mísero comentario en plan autocrítico sobre el estante. Rebuscó entonces bruscamente entre la tarjetas hasta seleccionar cuatro, que metió en el maletín. Lo cerró de un golpe, lo cogió con firmeza y se lo llevó a la cama. Allí lo soltó y terminó de vestirse. Ningún modelito nuevo, sólo el uniforme oficial de la compañía el de todos los días. El Pantalón negro y la chaqueta azul marino tampoco le quedaban mal y, de todas formas para hacer lo que hacía, no necesitaba mucha etiqueta.

Lo de técnico de cargas intrabúlbeas no era un trabajo que requiera estilo, sino profesionalidad, no tener escrúpulos y práctica. Si, sobre todo práctica. Pero en tiempos de memoria escurridiza y sensaciones que se esfuman en menos de 24 horas, ciertamente era una labor de primera necesidad y, además, muy bien pagada.

A pesar de ser su día libre, el hombre debía realizar un trabajo especial, de estos por encargo. Cuatro viajes "directos" al cerebro para cuatro magnates de Nonpapyrus City, que como no estaban incluidos en sus horas oficiales de trabajo, serían recompensadas debidamente. No por mucho madrugar amanece más temprano, o al menos eso dicen. Pero lo cierto es que aquel día alguien iba a ser protagonista de un auténtico nuevo amanecer en su propia vida y, precisamente, por madrugar algo más de lo normal.

Ciertamente, la situación es crítica en estas tierras, donde hace ya más de un siglo que toda información plasmada en celulosa fue eliminada. Tan sólo un vago recuerdo queda que, para más ironía, debe ser recargado a diario vía bulbo raquídeo mediante tarjetas de chips tamaño microscópico. Sí, en efecto todo dato, toda información o comunicado que las antiguas generaciones (incluyendo por supuesto la de la informática) dejaron, ya no existe. Hay que hacerlo permanecer en las mentes de cada uno de forma artificial.

Es incomprensible aparentemente que esto sucediera, aunque siguiendo los desafortunados razonamientos que los antepasados emplearon, llegaríamos a una conclusión final que, evidentemente, es a la que éstos llegaron. Debemos situarnos a principios del tercer milenio (se estima alrededor del año 2050), rodeados de una tecnología en auge, cegadora y provocadora de gran satisfacción en los antepasados. Su nivel de vida y de conocimientos alcanzados era tal según ellos, que no concebían el libro ni el antiguo sistema de microprocesadores como algo útil. Con lo cual se llegó a una última teoría: la abolición progresiva de todos los documentos de este tipo. Pero las masas, llevadas por la euforia y la arrogancia científica, procedieron a la eliminación de dichos documentos "inútiles" de forma súbita y descontrolada. Creo que sobra cualquier tipo de aclaraciones. El final lo tenemos delante de nuestras narices, y resulta ser sucesivas incrustaciones de chips a la altura del tronco cerebral.

¿Y yo cómo sé todo esto tan bien? Es más, ¿cómo es que no tengo conflictos informáticos en ninguna parte de mi cuerpo? La respuesta es simple. Mientras la población caía en brazos de la euforia colectiva pudiendo sólo conservar una pequeña parte del legado, mis ermitaños antepasados rehusaron de ello, gracias a lo cual, yo ahora existo cual ser cretácico sumido en mi labor de bibliotecario. Eso sí, atendiendo a tantos clientes como lectores tiene esta ciudad.

Job cuida de todos nosotros



SEGUNDO PREMIO. NIVEL BACHILLERATO


      ESPERANZA CONTRERAS LACHICA

Inquieta personita de inocente apariencia
Y despiadadas intenciones
¿¡A cuántas tus víctimas llevaste a morir, cuerdas?!
Te paseas soberbio por las vidas soñolientas,
Las despiertas para luego
Esconderte en los paramentos del alma
Te posas mayestático
Después de haber conseguido la entrega de quien te ama.
Ni las gracias das a tu creador.
Abres ventanas que piensan
Sin caer en la cuenta
De que luego podrían tener frío.
Aunque yo también he olvidado
Los daños causados a tu frágil cuerpo...Tu luctuoso pasado.
Ignorantes aquellos que derramaron tu sangre,
Mas quemaron sus vidas.
Hogueras encendidas de cólera,
Que por desterrar,
Desterraron hasta sus almas.
Pedir quiero compasión
Por aquellos cuerpos hieráticos
Y rostros inhumanos,
Arrepentidos hoy.


SEGUNDO PREMIO. NIVEL ESO


ESTOS RECUERDOS, QUERIDOS LIBROS

ANA CASANOVAS MENDOZA


La verdad es que todo comenzó de una extraña manera. Nadie podría imaginar que aquella primera y novata lectura iba a marcar tanto el curso de su vida. Contaba con unos siete años cuando cogió aquel libro. Era una chica muy soñadora e imaginativa, además tenía una sutil delicadeza y su lado más negativo se reducía a una ligera hipocresía con ciertas personas.

En la primera página de aquel libro, ya supo que era el libro de su vida, que le iba a marcar el resto de sus años. No le importaba. Leía y leía. Entonces sucedió. Estaba leyendo y...se enamoró. Simplemente se enamoró del protagonista. En su cabeza se agolparon palabras, letras y párrafos que relataban un sinfín de sentimientos, de historias, de cultura...Era muy joven y lo sabía, pero la pureza del texto junto con su fuerte carácter imaginativo, crearon la figura de un hombre, perfecto a su perecer. Desde que lo conoció se pasó la vida buscándolo.

Leía y leía intentando en vano sofocar su ansiedad de conocer a su príncipe azul, anhelando cualquier sus piro de la vida. Sólo quería encontrarlo. Se pasaba horas y horas leyendo libros. Leía de todas las clases, se emocionaba, lloraba...así era feliz.

Le debía su felicidad a los libros. Siendo una adolescente todo el mundo se reía de ella, porque siempre llevaba un poco de cultura, como decía ella, bajo el brazo. Se sentaba y se explayaba a la hora de hablar de lo que sentía cuando las palabras penetraban en el interior de su mente e iban creando historias, superando a cualquier película de las que veían sus compañeros. Si hubiera decidido escribir todo aquello que se inventaba y que se imaginaba podría haber conseguido escribir el mejor guión de la historia.

Pero se enfrascó en su mundo. Fue en los libros donde conoció un poco de la vida, donde conoció los verdaderos valores que una sociedad capitalista estaba cambiando: conoció la justicia, aunque nunca pudo saber quien está capacitado para determinarla; conoció la amistad, aunque nunca vio claras muestras de que existiera entre la gene...Fue en el mundo real en el que conoció la pobreza, la marginación malintencionada, la hipocresía...

Era capaz de pasar horas y horas leyendo, para ella la felicidad radicaba en un buen libro. Aprendió todo, se convirtió en una persona muy culta y muy formada, pero no había vivido nada en la calle. Cuando no leía era porque estaba buscando al chico de su libro, a su amor platónico. Nunca quiso pensar que no existía, le daba pena abandonar la creencia más bonita que había tenido desde los siete años. Le asustaba que lo único por lo que había vivido y soñado durante tanto tiempo fuera sólo un espectro.

El tiempo pasaba y se iba desilusionando, aunque en ningún momento lo dio por perdido. Pero ya era tarde para guardarlo en una caja y abrirlo para soñar solamente. Un libro se había convertido en una obsesión. La gente opinaba que estaba delirando, que era una demente. Ella reía. Esas pobres e infelices personas no sabían lo que era ser feliz. Envejeció.

Contaba ya con muchos años y su salud se fue debilitando. Iba a morir. Al principio le asustaba, pero luego leyó libros que trataban sobre la muerte y ella terminó por pensar que la muerte es el ascenso de las personas, la evasión hacia la eterna felicidad y juventud. Eso lo leyó en un libro. No quería morir sola. Ahora sí que quería a alguien, aunque no fuera a su amor platónico.

Ya no podía. Esperaba sentada en su sillón de cuero a que llegar su hora, leyendo con calma sus últimos libros. Se inventó la escena de su muerte junto al hombre con el que llevaba soñando toda su vida. Aunque no lo iba a encontrar le agradecía el hecho de haber constituido para ella su propia vida. Murió. Las últimas líneas que leyó fueron las siguientes, de Miguel de Unamuno, que sirvieron de despedida a su vida y especialmente a sus añorados libros:

"Bien sé que en lo que se cuenta en este relato no pasa nada; mas espero que sea porque en ello todo se queda, como se quedan los lagos y las montañas y las santas almas sencillas asentadas más allá de la fe y de la desesperación, que en ellos, en los lagos y las montañas, fuera de la historia, en divina novela, se cobijaron."


CONCURSO LITERARIO CONVOCADO POR EL AYUNTAMIENTO DE GRANADA

PRIMER PREMIO. NIVEL BACHILLERATO

         PRESENTACIÓN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

Un libro sepultado en el rincón del olvido,
Una vida rota, un camino sin destino,
Ojos que se posan en la nada del vacío,
Sonrisas que responden sin tener juicio.
Lo miras fijamente; es él, tu viejo libro,
Compañero de deseos, de caprichos.
Parece pertenecer a tu vida, haberle dado sentido,
Aunque sólo parezca un simple libro.
Volaste entre sus páginas a ese cielo azul, limpio
Donde ya nada era imposible.
¿Por qué hoy ya no lo coges?
¿Tienes acaso miedo a que nada sea lo mismo?
Miedo a perder el pasado, a perder lo que ha nacido.
Una fuerza te lleva a cogerlo
Lo aprietas contra tu corazón
Y vuelves a sentir la fuerza de tu compañero y amigo.
Páginas llenas de tu historia, tu vida, tu camino.
Vuelan, salen por la ventana
Hasta que se confunden con las estrellas
Y se pierden en la nebulosa, entre tus suspiros.
Sólo te queda una página.
Lloras en silencio por no poder luchar contra el destino.
¡Era mi libro y mi vida!
Se fue al infinito.
Allí estará junto a las eternas estrellas,
Donde se encuentra el paraíso de los libros.
Cada estrella fugaz que vemos en la noche,
En verdad es un libro que vuelve a su mundo,
Donde ya sólo hay sitio para la ilusión,
La imaginación, la alegría y los sueños infinitos.
¡El cielo de la noche es el paraíso de los libros!