VIAJE CULTURAL A GRECIA. CURSO 1999/2000
GRECIA: UN PARAÍSO SIN IGUAL

 

25 de junio, ocho y media de la tarde. Mientras Michel comenta el inicio del partido que enfrentaba a la selección española contra la selección gala, yo preparaba mi mochila porque al cabo de horas salía hacia Grecia.


Estaba anocheciendo cuando todos nos reunimos en la rotonda próxima al instituto. Se agolpaban los coches en las aceras y las maletas junto a los autobuses que nos llevarían a Madrid. Se vivían momentos de gran incertidumbre; habían pitado un penalti a favor de España en el minuto 89 con el resultado de 2 - 1 favorable a los franceses, pero lo más importante es que todavía no habíamos partido. Finalmente, entre... "que seas bueno", "que llames cuando llegues" y "que comas", comenzó nuestra "odisea" a la tierra de Homero.


Mediada la madrugada, llegamos al aeropuerto de Barajas donde esperábamos impacientes, en aquel largo pasillo, la salida de nuestro vuelo. Unos rezaban, otros dormitaban; unos observaban el lejano paisaje, otros, simplemente, comentaban otras experiencias aéreas. Y así, concluyó nuestra travesía en avión.


Lo que más impacto causó fue el calor ateniense que pasamos en el autobús que nos llevaba al hotel. El hotel fue una gran decepción, porque esperábamos otra cosa. Todo cambió cuando subimos a la terraza, pues aunque la piscina que había era más pequeña que la de "Gran Hermano", las vistas de aquel lugar nos impresionaron lo suficiente como para volvernos a llenar de ilusión; porque aquel majestuoso templo, que tantas veces habíamos visto en las páginas de los libros, estaba ante nuestros ojos. Esa misma tarde, salimos de paseo por la ciudad y cuando regresamos al hotel echábamos de menos a algunos compañeros que se habían perdido por la tortuosas calles de Atenas.


La primera noche de hotel ... (todos sabéis como fue la primera noche de hotel ¿no?)
Nuestras visitas culturales estaban programadas de tal forma que pasáramos un día en la capital griega y el siguiente fuera de la ciudad. De esta forma hicimos una excursión a la Argólide, donde pudimos visitar el teatro de Epidauro. También pudimos ver, en Micenas, el palacio y la tumba de Agamenón. Finalmente, acabamos con la visita al templo de Apolo y al canal de Corinto.


El mejor día fue el que visitamos el Partenón, el cual todos recordamos con un espacial cariño. Allí nos hicimos las típicas fotografías en grupo. Comimos en un lugar cercano al monumento, donde probamos el queso fetta y la tradicional mussaka griega. El día culminó con el refrescante baño en las aguas del Cabo Sunion y visitando el templo de Poseidón, donde todos nos acordamos del yogur griego (jroña-que-jroña, ¿verdad?).


Otro día de los más destacados fue el que hicimos un crucero visitando las islas de Egina, Poros e Hydra. Las islas presentaban un aspecto muy turístico; lleno de tiendas, lugares de descanso,.... Así pasaron los días, entre visitas culturales, disfraces, risas y juergas. Lo peor es que el final de nuestra aventura se estaba acercando.


La ultima noche, los profesores, nos dieron permiso para ir a una discoteca. Fue una noche loca, y a pesar de que teníamos que volver pronto al hotel, por ser la última noche que pasábamos juntos, nadie quería dormir.


Cuando a la mañana siguiente abandonamos, definitivamente, el hotel, nos dimos cuenta que faltaba un compañero. Cual fue nuestra sorpresa, cuando lo encontramos contemplando, por última vez, desde la terraza, aquella vista que nunca olvidaremos.
Al llegar al aeropuerto, nos dieron la noticia de que el vuelo 2765 con destino Madrid llevaba dos horas de retraso. En ese momento todos nos dirigimos a las cabinas para avisar a nuestros padres de la "buena noticia". El viaje de vuelta se nos hizo más corto, puesto que la mayor parte de nosotros estábamos muy cansados y nos pasamos el trayecto durmiendo.


Cuando llegamos, teníamos delante aquel edificio monótono que recordaba a las frías mañanas de invierno. Entre saludos y besos paternos , y escuchar las típicas frases "estas más alto" y "estas más delgado", cada uno de nosotros, tras despedirse, marchó hacia su casa, dejando atrás esos diez días inolvidables.

Eduardo Contreras Gómez
2º Bach -A-